Formosa: violación de los derechos a los pueblos originarios
21/junio/2026.-
Hay territorios que apenas aparecen en los medios de comunicación. Lugares donde la pobreza, el abandono y la falta de derechos parecen haberse convertido en algo normal. Lugares donde miles de personas sobreviven lejos de los discursos oficiales, lejos de las estadísticas triunfalistas y lejos de la atención de quienes tienen la obligación de protegerlas. Uno de esos lugares es el norte de Argentina, en la provincia de Formosa.
Durante años he tenido la oportunidad de conocer de cerca la realidad de comunidades indígenas del pueblo Wichí, Qom y otros pueblos originarios. He hablado con sus líderes, hemos visitado sus comunidades y he escuchado testimonios que difícilmente encajan con la imagen de progreso que en ocasiones se pretende transmitir desde determinados ámbitos oficiales. Recientemente, el informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina volvió a poner el foco sobre una realidad incómoda. El departamento Ramón Lista fue señalado como el territorio con mayores índices de pobreza estructural de toda Argentina. No lo dice Félix Díaz. Lo afirma una institución académica de reconocido prestigio. Y precisamente por eso el informe resulta tan difícil de ignorar.
Las declaraciones de Félix Díaz, líder indígena Qom y una de las voces más respetadas de los pueblos originarios argentinos, no hacen más que reforzar lo que tantas comunidades vienen denunciando desde hace años. Según ha manifestado públicamente tras la publicación del citado informe, muchas comunidades siguen sin disponer de un acceso permanente al agua potable. En numerosas ocasiones dependen de la llegada de camiones o de decisiones administrativas ajenas a su control. El acceso al agua, que debería ser un derecho básico garantizado para cualquier ser humano, continúa siendo una incertidumbre diaria para miles de familias. Resulta difícil comprender cómo en pleno siglo XXI puede seguir existiendo esta situación. Pero aún más difícil resulta aceptar que quienes la denuncian sean cuestionados en lugar de escuchados.
Félix Díaz también ha puesto sobre la mesa la situación educativa de muchas comunidades indígenas, donde niños y niñas continúan recibiendo clases en instalaciones precarias, anexos improvisados o incluso bajos los árboles cuando no existe una infraestructura adecuada. Cuando un niño debe estudiar en esas condiciones no estamos ante una simple carencia material. Estamos ante una vulneración de oportunidades. Estamos hipotecando el futuro. Estamos condenando generaciones enteras a continuar atrapadas en el círculo de la exclusión. Mientras tanto, los discursos oficiales hablan de avances, de obras y de indicadores. Pero la verdadera pregunta no es cuántas obras se anuncian. La verdadera pregunta es cuántas personas ven realmente transformada su vida. Y esta insistencia de pobreza y falta de apoyo por parte del Gobierno a las poblaciones indígenas de Formosa, les hacen ser descartables y olvidados por el sistema, a pesar de que en los discursos políticos digan que todo va muy bien. Una falsedad que desmiente el citado informe de la Universidad Católica Argentina.
Desde Proyecto Gran Simio llevamos años trabajando en el Proyecto Leonor precisamente porque hemos visto esta realidad con nuestros propios ojos. No hemos actuado movidos por ideologías ni por intereses políticos. Hemos actuado porque la situación exige respuestas. Por eso construimos una escuela. Por eso impulsamos un dispensario de salud. Por eso seguimos trabajando para nuevas infraestructuras educativas. Porque cuando las comunidades son olvidadas, la solidaridad deja de ser una opción para convertirse en una obligación moral.
Quiero expresar también una preocupación personal. Conozco a Félix Díaz desde hace años. Sé de su valentía, de su honestidad y de su compromiso con su pueblo. Y precisamente por esa valentía me preocupa su seguridad. La historia está llena de personas que fueron atacadas simplemente por decir la verdad. Cuando alguien denuncia injusticias, corrupción, abandono o incumplimientos, suele incomodar a quienes prefieren que nada cambie. Pero las sociedades avanzan gracias a quienes se atreven a hablar cuando otros callan. Por eso hoy quiero reconocer públicamente la labor de Félix Díaz y de tantos líderes indígenas que continúan defendiendo a sus pueblos a pesar de las dificultades, las presiones y los intentos de desacreditarlos.
No están pidiendo privilegios. No están pidiendo favores. Están reclamando derechos básicos: agua, salud, educación y dignidad. Y ninguna democracia debería sentirse incómoda por escuchar esas demandas. La verdadera discusión no debería centrarse en desacreditar informes o en atacar a quienes denuncian. La verdadera discusión debería ser cómo resolver de una vez problemas que llevan décadas afectando a miles de familias. Porque detrás de cada estadística hay rostros. Detrás de cada porcentaje hay niños. Detrás de cada informe hay seres humanos. Y mientras haya comunidades indígenas sin acceso garantizado al agua, a la salud o a una educación digna, ningún gobierno debería darse por satisfecho.

La verdad puede incomodar, pero ignorarla nunca la hace desaparecer. Los pueblos originarios no son un problema que resolver. Son parte de la historia, de la cultura y de la riqueza humana de Argentina. Escuchar sus voces no debilita a la democracia; la fortalece. Y cuando un líder indígena tiene el valor de denunciar aquello que muchos prefieren ocultar, nuestra obligación no es silenciarlo. Nuestra obligación es escucharlo. Porque los pueblos olvidados también tienen derecho a ser vistos. Y porque la dignidad humana no puede depender del lugar donde uno haya nacido.
Cuando una comunidad indígena tiene que luchar por el agua, por una escuela o por atención sanitaria, no estamos ante un fracaso de esa comunidad. Estamos ante un fracaso de quienes tenían la obligación de garantizar esos derechos. La grandeza de una sociedad no se mide por los discursos que pronuncia, sino por la forma en que trata a los más vulnerables. Y mientras existan pueblos originarios que continúen siendo invisibles para quienes gobiernan, seguirá siendo necesario alzar la voz para recordar que la dignidad, la justicia y los derechos humanos no pueden quedarse en palabras escritas sobre el papel.
Mensaje de Félix Díaz a los pueblos Originarios de Formosa
FÉLIX DIAZ QARASHE COMUNIDAD QOM POTAE NAPOCNA NAVOGOH
VIDA Y LUCHA DE NUESTROS PUEBLOS INDIGENAS DE ARGENTINA
Es dura nuestra lucha y la injusticia se adueña y mata a nuestros pueblos indígenas, a nuestros ancianos /as y niños/as. Ellos sufren pero no luchamos juntos y lo triste es que no nos unimos como hermanos o como nación indígena.
Hermanos que quieren ser líderes solo saben criticar a su líder y se fijan mucho en los errores de los demás y no ponen su parte para decir aquí estoy o diga acá cuente conmigo.
Los hermanos creen que primero hay que estar bien con los políticos. Luego salir a luchar para sacar provecho con esa relación con los políticos. Yo digo que no tenemos que esperar una buena relación con los gobiernos y menos con Gildo Insfran (Gobernador de Formosa).
Somos pueblos indígenas y nadie va a dar su vida por nuestra causa. Porque esta lucha es nuestra. ¿Queremos que nuestros hijos sean miserables y pobres o que sean generaciones dependientes?. Depender de los políticos les vamos a dejar a una herencia con nuestra propia pobreza por no luchar con dignidad. Nuestra lucha tiene que ser con dignidad porque no somos pueblos miserables. Somos una Nación, un pueblo indígena, no venimos de otro lado. Nuestros ancestros vivieron siempre aquí y murieron aquí y están con nosotros aquí también. Ellos nos miran y saben lo que pensamos. Nuestra vida nunca fue fácil y nunca será fácil.
Yo quiero que ustedes luchen por la vida y no el por dinero, porque vivir es depender de nuestra capacidad como personas. Todos somos valiosos en este mundo. Nadie es inútil, dependamos de nosotros mismos. Apoyemos a los que luchan por la defensa de nuestra madre tierra, por nuestros hijos que son nuestra gente. No vendan nuestra dignidad a los políticos. Salvemos nuestras vidas haciendo las cosas buenas. No con violencias ni amenazas. Aprendamos a convivir con la diversidad en nuestra casa, acá en este mundo.
NO CONTAMINAR, NO DESMONTAR, NO DESTRUIR NUESTRO FUTURO. EL TERRITORIO ES NUESTRA VIDA, HOGAR DE NUESTRA FUTURA GENERACIÓN. CUIDEMOSLA y ASI DEMOSTRAR NUESTRO AMOR Y RESPETO A NUESTROS HIJOS Y NIETOS QUE ESTAN VINIENDO ATRAS NUESTRO CAMINANDO SOBRE NUESTRAS HUELLAS.
