Glaciares: la memoria que se desvanece

La memoria de la Tierra se desvanece mientras que los gobiernos lo ignoran
Glaciares: la memoria que se desvanece

19/Abril/2026.- 

Esos gigantes de hielo que han permanecido miles de años en equilibrio con la Tierra, hoy retroceden a una velocidad que debería estremecernos. No es una teoría, no es un debate ideológico. Es un hecho. Los glaciares se están derritiendo, se están rompiendo, se están retirando como si el planeta estuviera perdiendo la memoria de sí mismo.

Y cuando un glaciar desaparece, no solo perdemos hielo. Perdemos agua. Perdemos equilibrio climático. Perdemos vida.

Porque los glaciares son reservas de agua dulce, son reguladores del clima, son el origen de ríos que alimentan a millones de personas. Sin ellos, muchas regiones del planeta se enfrentarán a sequías, a conflictos por el agua, a desplazamientos humanos.

Y aquí es donde entra la contradicción humana.

Mientras la ciencia alerta, mientras la naturaleza da señales claras, algunos gobiernos siguen mirando hacia otro lado. En Argentina, por ejemplo, se está generando una profunda preocupación por intentos de modificar o debilitar leyes que protegen los glaciares. Leyes que deberían ser intocables, porque protegen no solo el hielo, sino el futuro.

Permitir actividades extractivas cerca de los glaciares es como dinamitar la fuente de la vida. Es hipotecar generaciones enteras por beneficios inmediatos. Es, una vez más, poner el dinero por encima de la supervivencia.

Pero hay algo aún más grave, y es el desprecio hacia quienes han entendido esto desde siempre: los pueblos indígenas.

Ellos no necesitan satélites ni informes científicos para saber que la Tierra está enferma. Lo sienten. Lo viven. Lo respetan.

Para muchas culturas indígenas, los glaciares no son simples masas de hielo. Son seres vivos. Son espíritus. Son guardianes del agua y del equilibrio. Forman parte de su cosmovisión, de su medicina natural, de su forma de entender la vida.

Y sin embargo, sus voces siguen siendo ignoradas.

glaciar

Se legisla sin escucharles. Se decide sobre sus territorios sin consultarles. Se destruye su entorno mientras se habla de progreso. ¿Qué progreso puede existir cuando se destruye la fuente de la vida?

El calentamiento global no es una palabra lejana. Es una realidad que está acelerando el retroceso de los glaciares. Las temperaturas aumentan, los ciclos naturales se alteran, y lo que antes tardaba siglos en cambiar, ahora ocurre en décadas.

Y lo más preocupante es que sabemos lo que está pasando… pero no estamos actuando con la urgencia necesaria. Las soluciones existen. No son imposibles. Reducir emisiones, apostar por energías limpias, proteger los ecosistemas, frenar la explotación irresponsable, y sobre todo… cambiar nuestra forma de relacionarnos con el planeta.

Pero hay una solución que olvidamos constantemente: escuchar.

Escuchar a quienes han convivido en equilibrio con la naturaleza durante miles de años. Escuchar a los pueblos indígenas. Respetar sus territorios, sus conocimientos, su medicina natural, su forma de entender que la Tierra no es un recurso… sino un ser vivo del que formamos parte.

Quizá el verdadero avance de la humanidad no esté en conquistar la naturaleza, sino en aprender a vivir con ella. Porque cuando el último glaciar desaparezca, no habrá dinero que lo recupere. No habrá tecnología que sustituya lo que hemos perdido. Y entonces, tal vez, recordaremos demasiado tarde que hubo pueblos que nos advirtieron… y no quisimos escuchar.

El respeto a la Tierra es el respeto a la vida. Y el respeto a los pueblos indígenas… es el respeto a nuestra propia supervivencia.

Fotos: Realizadas por Pedro Pozas Terrados con IA.