Transamazónica: la carretera de la muerte

Su construcción está llevando la muerte al corazón del Amazonas
Transamazónica: la carretera de la muerte

03/JULIO/2026

Una  puerta abierta la destrucción del corazón del Amazonas

La carretera Transamazónica (BR-230) fue inaugurada durante la dictadura militar brasileña en la década de 1970 con el objetivo de colonizar el interior amazónico. Décadas después, la experiencia ha demostrado que las carreteras en la Amazonía no son simples vías de comunicación: actúan como corredores de ocupación humana, facilitando la entrada de madereros, mineros, ganaderos y especuladores de tierras.

Hoy, la gran preocupación se centra en la BR-319, que conecta Manaos con Porto Velho. Su pavimentación definitiva permitiría unir zonas todavía relativamente intactas del Amazonas con el llamado "arco de la deforestación", una región donde la destrucción forestal ya es muy intensa. Diversos estudios científicos advierten que esta carretera podría convertirse en una nueva Transamazónica, multiplicando la deforestación en el corazón de la selva.

¿Por qué preocupa tanto?

Los investigadores describen un fenómeno conocido como "efecto espina de pez". Cuando se abre una carretera principal, rápidamente aparecen caminos secundarios ilegales a ambos lados. A partir de ellos llegan taladores, ganaderos, mineros y colonos que van fragmentando el bosque. Desde el aire, la deforestación adopta la forma de una espina de pez.

La experiencia demuestra que prácticamente todas las grandes carreteras amazónicas han ido acompañadas de:

  • Aumento de la deforestación.
  • Incendios forestales provocados.
  • Ocupación ilegal de tierras.
  • Expansión de la minería.
  • Tráfico de fauna.
  • Conflictos violentos por la tierra.
  • Presión sobre territorios indígenas.

La amenaza para los pueblos originarios

Los pueblos indígenas son los grandes guardianes de la Amazonía. Numerosos estudios muestran que los territorios indígenas conservan mejor los bosques que muchas áreas protegidas estatales.

Sin embargo, cuando llega una carretera aparecen nuevas amenazas:

  • Invasiones de tierras ancestrales.
  • Minería ilegal de oro.
  • Tala ilegal.
  • Introducción de enfermedades.
  • Violencia contra líderes indígenas.
  • Desplazamientos forzados de comunidades enteras.

Incluso medios brasileños han denunciado que algunos proyectos viarios avanzan sin cumplir adecuadamente el derecho de consulta previa a los pueblos indígenas establecido por el Convenio 169 de la OIT.

El líder indígena Raoni Metuktire ha advertido públicamente que estas infraestructuras representan una amenaza directa para la selva y para los pueblos que la habitan.

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El oro: el nuevo invasor del Amazonas

La subida del precio internacional del oro está impulsando una nueva fiebre minera en la Amazonía.

Los informes más recientes muestran que la minería ilegal continúa expandiéndose en territorios indígenas brasileños. Las excavadoras, dragas y campamentos clandestinos avanzan cada vez más profundamente en zonas protegidas.

Las consecuencias son devastadoras:

  • Contaminación de ríos con mercurio.
  • Destrucción de bosques.
  • Desaparición de fauna.
  • Enfermedades en las comunidades.
  • Prostitución y criminalidad asociadas a los campamentos mineros.

La apertura de nuevas vías facilita enormemente la llegada de estos grupos.

El peligro climático mundial

El Amazonas no es únicamente un bosque. Es una gigantesca fábrica natural de lluvia. Los árboles liberan enormes cantidades de vapor de agua que alimentan los llamados "ríos voladores", corrientes atmosféricas que transportan humedad por gran parte de Sudamérica.

Si la deforestación continúa aumentando, numerosos científicos advierten sobre la posibilidad de alcanzar un punto de no retorno, un "tipping point", a partir del cual amplias zonas amazónicas podrían transformarse progresivamente en sabanas degradadas.

Las consecuencias afectarían a:Brasil. Argentina. Paraguay. Bolivia. Uruguay. El clima mundial.  Además de liberar enormes cantidades de CO₂ almacenadas en la selva.

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Situación actual

En mayo de 2026 el gobierno brasileño anunció inversiones para avanzar en la mejora de la BR-319 junto con un plan de protección ambiental destinado a reducir los impactos previstos. Sin embargo, científicos, organizaciones indígenas y grupos conservacionistas consideran que las medidas propuestas podrían ser insuficientes frente a la presión que genera la apertura de nuevas vías de acceso.

Por ello, el debate sigue abierto entre quienes consideran la carretera una necesidad para las poblaciones aisladas y quienes creen que puede convertirse en uno de los mayores aceleradores de destrucción de la Amazonía en las próximas décadas.

Reivindicaciones de los pueblos indígenas y organizaciones ambientales

Las principales demandas son:

  1. Consulta previa, libre e informada a todos los pueblos afectados.
  2. Protección efectiva de los territorios indígenas.
  3. Persecución de la minería ilegal y de las mafias del oro.
  4. Vigilancia permanente contra la tala ilegal.
  5. Moratoria en nuevas infraestructuras que afecten áreas críticas.
  6. Reconocimiento del papel de los pueblos originarios como guardianes de la biodiversidad.
  7. Inversiones en salud, educación y comunicaciones que no impliquen destruir el bosque.
  8. Protección internacional de la Amazonía como patrimonio vital para la humanidad.

"La Amazonía no es únicamente un bosque brasileño. Es uno de los grandes pulmones climáticos de la Tierra. Cada kilómetro de carretera que se abre sin control puede convertirse en una herida por la que penetran la deforestación, la minería ilegal y la expulsión de los pueblos que han protegido la selva durante milenios. Los indígenas no son un obstáculo para el desarrollo; son los mejores guardianes de un ecosistema del que depende el equilibrio climático del planeta. Si la Amazonía cae, no perderán solo los pueblos originarios. Perderemos todos."