Una ley para grandes simios...¿para cuando?

Y la ley que protege a los Grandes Simios, ¿para cuándo?
Cuando en 2023 entró en vigor en España la Ley de Bienestar Animal, se puso en marcha el plazo de tres meses en el que el Gobierno debía presentar un proyecto de ley de grandes simios. Un año y medio después, seguimos esperando. Pedro Pozas, director ejecutivo del Proyecto Gran Simio, considera que detrás de este silencio hay una clara motivación política: “El Gobierno tiene miedo a que ocurra lo mismo que en 2006 y 2008, y que se diga que se quiere dar más derechos a los grandes simios que a los trabajadores”. Y la campaña se vea ‘adornada’ de chanzas de brocha gorda y manipulada. Repasamos la situación y qué implicaría y no implicaría tal ley; si nos detenemos a analizarla, lo que propone son puntos absolutamente racionales y razonables.
El 24 de noviembre de 1859 fue una fecha que sin duda marcó un antes y un después en la historia de la Humanidad. Ese día fue publicada, por primera vez, ‘El origen de las especies’. La emblemática obra de Charles Darwin, sobre la que se cimenta la teoría evolucionista, recibió desde el principio durísimos ataques por parte de las posiciones más conservadoras y alineadas con el relato bíblico de la creación del mundo. Motivo por el que fueron tan frecuentes, en los años posteriores, las publicaciones de caricaturas que presentaban al científico británico como si de una especie de monstruoso hombre mono se tratara.
Son los tiempos en los que, en la muy católica España, Anís del Mono, la conocida marca de bebidas alcohólicas que entonces estaba dando sus primeros pasos, ganaba una enorme popularidad gracias a su célebre etiqueta, en la que aparece un primate cuyos rasgos, según confirma la propia web de la compañía, “están basados ¡en el mismísimo Charles Darwin!; sin duda un guiño al debate de aquella época sobre la teoría de la evolución”.
Casi dos siglos después, las posturas reactivas a los avances de la ciencia se encuentran, de nuevo, en pleno auge. Así lo demuestra la cruzada de Donald Trump, empeñado estos días en desmontar la ciencia del clima en EE UU, así como las dificultades que encuentra el Proyecto Gran Simio para sacar adelante una Ley de grandes simios, a pesar del compromiso del Gobierno en este sentido, y de que la iniciativa se encuentra avalada por poderosos argumentos científicos, de los que se derivan, a su vez, importantes implicaciones éticas.
Cuando, a finales de septiembre de 2023, entró en vigor la Ley de Bienestar Animal, se puso también en marcha el plazo de tres meses en el que, según establecía su disposición adicional cuarta, “el Gobierno deberá presentar un proyecto de ley de grandes simios”.
Un año y medio después, no parece que el Ministerio de Asuntos Sociales, que es la cartera competente, tenga entre sus prioridades cumplir con dicho mandato. Pedro Pozas, director ejecutivo del Proyecto Gran Simio (PGS), considera que detrás de este silencio hay una clara motivación política: “El gobierno tiene miedo a que ocurra lo mismo que en los años 2006 y 2008, y que se diga que se quiere dar más derechos a los grandes simios que a los trabajadores”.
Pozas se refiere a la campaña de bulos que ya sufrieron los miembros de esta ONG internacional durante las dos ocasiones en las que presentaron su proposición no de ley ante el Congreso de los Diputados. Si a la primera (2006) no se consiguió que se llevara adelante la propuesta, dos años después sí que se produjo su votación y posterior aprobación en la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara Baja.
El texto insta al Ejecutivo a declarar su adhesión al Proyecto Gran Simio, así como adecuar la legislación española a los principios de PGS, de cara a una mayor y mejor protección de los homínidos no humanos. Sin embargo, según explican desde el portal de la ONG, “el acuerdo aprobado en sede parlamentaria no se llevó a efecto por el Gobierno, que resolvió arrinconar lo aprobado por temor a las críticas que por parte de la oposición supuso la presentación de la proposición”.
Unas críticas excesivas y que ahora serían tachadas de bulos o de fake news, y que además parecían un homenaje, no sabemos si involuntario, a las caricaturas con las que se atacaba a Darwin en el último tercio del siglo XIX.
“Recuerdo una viñeta en la que se veía a unos grandes simios sentados en un avión, tan campantes, mientras que los humanos estaban aguantando de pie. Fueron comunes las barbaridades de ese tipo a nivel político”, rememora el director ejecutivo de PGS.
Habla la ciencia
Como deja claro la ONG desde su portal, “el Proyecto Gran Simio no pretende que se considere a chimpancés, gorilas, orangutanes y bonobos como humanos, que no son, sino como homínidos que sí son. Si la cercanía genética entre el hombre y los demás simios es grande, aún lo es mayor entre estos y otros homínidos como los neandertales, habilis, erectus, etc. Por lo tanto, ya que los grandes simios son tan homínidos como los neandertales, erectus, etc…, el Proyecto Gran Simio solo pretende que se les trate y se les reconozca derechos como se los reconoceríamos a estos si no se hubiesen extinguido”.
“Algunos científicos incluso dicen que los chimpancés y los bonobos, que son los más parecidos a los seres humanos de entre los grandes simios, deberían entrar dentro del género homo, como nosotros –lo cual no significa que sean Homo sapiens–. Entre dichos científicos se encuentran nombres como el de José María Bermúdez de Castro (codirector del yacimiento de Atapuerca)”, insiste Pozas.
La ciencia también corrobora, según el director ejecutivo, que los grandes simios poseen numerosas capacidades cognitivas. “Tienen conocimiento de su esquema corporal, capacidad comunicativa y para la actividad cooperativa. Además, sienten empatía hacia los más débiles y mantienen relaciones familiares”.
Unos lazos familiares que se prolongan, en muchos casos, a lo largo de toda la vida, “igual que nos pasa a nosotros, lo cual sucede, sobre todo, con los chimpancés y los bonobos. Algo similar pasa también con las amistades”, afirma el director ejecutivo de PGS.
Un reciente estudio científico de la Universidad Johns Hopkins, publicado en febrero, concluye que los bonobos son capaces de intuir la ignorancia de los demás. Información que además emplean para ayudar a los compañeros que están equivocados a solucionar situaciones complejas. Se trata de habilidades que se creía que solo poseían los seres humanos.
También sabemos que los grandes simios tienen capacidad para el pensamiento abstracto, y que incluso pueden hablar el lenguaje de signos con sus cuidadores, de quienes lo aprenden. “Recuerdo que nosotros llegamos a la Luna gracias a los chimpancés utilizados para poder avanzar en la conquista del espacio. Muchos de los que fueron usados en este tipo de proyectos, cuando se terminaron los mismos tras lograr los objetivos, fueron llevados a continuación a centros de experimentación, donde murieron”, lamenta Pozas.
Los zoos y el deber moral
La ley de grandes simios que demanda desde hace décadas esta ONG no es más que una consecuencia de lo expuesto anteriormente. Si nos encontramos ante homínidos que son genéticamente tan próximos a nosotros, y que además mantienen lazos familiares y amistosos que pueden ser muy similares a los de los seres humanos, es un deber moral prohibir, por ejemplo, los traslados entre zoos de grandes simios, porque con dicha práctica –muy habitual cuando, por ejemplo, uno de estos centros necesita un macho para procrear– se rompen familias y amistades.
De hecho, el objetivo último de PGS es prohibir la cautividad de los grandes simios. “Cuando los grandes simios que existen en los zoos se vayan muriendo por razones naturales, queremos que las jaulas se queden vacías”, afirma Pozas.
Por los mismos motivos, se pide el fin de su reproducción en cautividad, tanto de los grandes simios como de otras especies. “Hemos preguntado a la Unión Europea si existe algún aval científico independiente que apoye estos programas de reproducción en cautividad. Y la UE nos ha respondido que no existe tal apoyo científico, excepto el que viene de la Asociación Europea de Zoos y Acuarios”, explica el director ejecutivo.
Como alternativa a los parques zoológicos, el PGS plantea la reubicación de los homínidos en santuarios cuando sea posible. Y si tienen que permanecer en un zoo, debe garantizarse unas mínimas condiciones de vida.
Sentido de la intimidad
“Ellos, como nos pasa a nosotros, no quieren que la gente les pueda ver todo el tiempo. No quieren estar constantemente escuchando al público chillando y diciéndoles cosas. Por eso pedimos que en los zoológicos haya un lugar oculto para ellos, que reúna buenas condiciones, y en el que puedan tener la libertad de esconderse si quieren”, señala Pozas, que argumenta esta reclamación en el hecho demostrado de que los grandes simios también tienen sentido de la intimidad.
“Muchas veces se ve en el zoo a un chimpancé o a un orangután que se pone por encima una manta para taparse, y eso al público le parece gracioso, cuando lo que pasa es que se están tapando porque no quieren ver a la gente, porque se quieren aislar”.
Experimentación y espectáculos
La ley de grandes simios por la que aboga el PGS también reclama, entre otras cuestiones, la prohibición de la experimentación o investigación con homínidos cuando ello les pueda producir daño y no redunde en su beneficio; el fin de su utilización con fines comerciales en cualquier tipo de espectáculo que menoscabe su dignidad o impulsar el cumplimiento de los compromisos internacionales adquiridos por España en defensa de los grandes simios.
Una serie de demandas muy razonables que entendería cualquier ser humano con capacidad para la empatía, la compasión y la solidaridad.
02/01/2020
En «Ventana Verde»
Palabras relacionadas
Ley, Pedro Pozas, Proyecto Gran Simio,
Sobre el autor
Daniel Jiménez es periodista especializado en sostenibilidad, economías disidentes y movimientos ecosociales. También fue activista de diferentes movimiento sociales, como VdeVivienda, del ecologismo político y del sindicato CGT. Colabora en diferentes medios de comunicación y está construyendo su propio espacio, Noticias Positivas (noticiaspositivas.es), donde huye de las “buenas noticias” y de las noticias amables para defender la alegría rebelde de quienes siguen insistiendo en que Otro Mundo Es Posible. Guarda como un tesoro un ejemplar del Manifiesto Comunista firmado por Saramago.
https://elasombrario.publico.es/y-la-ley-que-protege-a-los-grandes-simios-para-cuando/